26 de septiembre de 2008

Blue Cheer - Vincebus Eruptum (1968)



LA ANTESALA DEL HEAVY METAL

En efecto, este disco editado en enero del 68 está considerado como el principal precursor de un género que viviría álgidos momentos en décadas posteriores. A finales de los sesenta, el rock & blues y la psicodelia ejercían su hegemonía en el panorama anglosajón sin imaginar que poco más tarde serían desplazados por la contundencia del hard rock y el heavy metal.

Resulta difícil concebir que el disco debut de una discreta banda de San Francisco pueda ser considerado el inspirador de un movimiento musical sin precedentes. Pero los tres integrantes de la banda, Dickie Peterson (bajo y voz), Paul Whaley (batería) y Leigh Stephens (guitarra) crearon una obra monumental que dibujó las bases del metal mediante tan sólo 6 pistas. Incluso se afirma que ha dado origen a géneros más específicos como el stoner rock. Lo cierto es que las cualidades técnicas de los músicos eran más bien discretas, pero la potencia y demoledora fuerza que irradian cada una de las canciones de su primer disco Vincebus Eruptum dejan claro que nos hallamos ante un álbum excepcional.

Se trata de un disco cargado de decibelios y, como tal, debe escucharse a considerable volumen. Las atronadoras y plañideras guitarras de Leigh Stephens se pierden en un vasto y caótico océano de distorsiones que no parecen tener fin, mientras la contundencia de la sección rítmica a cargo de Whaley determina la abrumadora potencia del grupo. Las canciones tienen su base en el blues clásico pero desarrollan matices psicodélicos mediante ácidos y fascinantes solos de guitarra (en realidad, el nombre de la banda procede de una variedad de LSD utilizada durante los 60). El cocktail lo complementa la desgañitada y característica voz de Dick Peterson y la más que evidente influencia de The Jimi Hendrix Experience.

Vincebus Eruptum se compone básicamente de temas clásicos versionados. En primer lugar, y en un puesto destacado, hallamos el tema Summertime Blues de Eddie Cochran, donde se incorpora el riff de Foxy Lady de Hendrix. El cover es, bajo mi punto de vista, el mejor de cuantos se han hecho, muy por encima de la versión de The Who. De hecho fue un auténtico éxito, alcanzando el puesto 14 del Billboard. Por otra parte tenemos dos temas de blues como Rock me baby y Parchment Farm que bajo la mano de los Blue Cheer adquieren una nueva dimensión. Retumban como un yunque en nuestra psique y nos conducen por veredas desconocidas, custodiadas siempre por pesadas guitarras. La otra joya del disco es un tema escrito por Peterson, Out of Focus, dotado de un riff profundo y pegadizo que fascina desde el primer contacto. Si citamos el áspero y caótico tema Doctor, please, donde las guitarras alcanzan lamentos espeluznantes, y Second Time Around, como cierre del disco y ejemplo de la intensidad de Whaley, pondremos el perfecto colofón a un LP impresionante.

Sin embargo, el éxito alcanzado con Vincebus Eruptum no se repetiría. Los cambios en los integrantes de la banda redujeron considerablemente la calidad de los trabajos y dieron como fruto discos bastante discretos si los comparamos con este magistral debut. Pese a ello, tras muchos años, los Blue Cheer siguen siendo los principales responsables de que el rock alcanzara límites de potencia sonora nunca antes explorados.


"Now won't somebody tells me what's wrong
tell me what's wrong with me..."







Discover Blue Cheer!

25 de septiembre de 2008

The Black Keys - Attack & Release (2008)




ROCK & BLUES CON SABOR AÑEJO

Los fanáticos del rock de los 60 y los 70 encuentran poco consuelo en el panorama musical actual. Sin embargo, buscando cuidadosamente, puede uno dar con joyas del calibre de The Black Keys, que ayuden a curar esa eterna nostalgia. Dan Auerbach y Patrick Carney son el claro ejemplo de que las nuevas generaciones también beben de los clásicos del pasado y pueden, mediante su influencia, crear excelentes discos. Este dueto de Ohio nos ofrece una música cruda y sin artificios, basada en un rock & blues de la vieja escuela que inevitablemente rememora las épocas doradas de grande nombres de la música coma Black Sabbath, The Rolling Stones, Jimi Hendrix o Creedence Clearwater Revival.

La fórmula minimalista popularizada por White Stripes permite disfrutar de un sonido simple pero cargado de sentimiento. El apego de estos muchachos por el blues parece evidente en cada canción y ello siempre es garantía de entrega y emociones. No obstante, tampoco desechan otros géneros como la psicodelia; sus riffs se tornan a veces hipnóticos evidenciando también la admiración proferida a músicos como Junior Kimbrough (cuyas canciones versionaron en el disco Chulahoma). Pero en su conjunto, las sucias melodías de The Black Keys definen un sonido garajero que da nombre y apellidos al dueto estadounidense.

Attack & Release es el último de sus trabajos. Anteriormente nos brindaron varios álbumes muy notables, especialmente Magic Potion, que tal vez pueda ser considerado el mejor de cuantos hayan publicado hasta la fecha. Pero el nuevo LP contiene algunos temas muy destacados que dejan patente la evolución de una banda ya madura, abierta a pequeñas experimentaciones que no empañan la identidad del grupo. La voz de Dan Auerbach sigue sonando como un eco en nuestros oídos, dejándonos un dulce sabor añejo.

Destacaría el tema Psychotic Girl como lisérgico medio tiempo que incorpora piano, banjo y coros en algunos pasajes; posiblemente la mejor pista del álbum. Le siguen de cerca She Won’t Break y Lies, donde la banda crea también auténticos clásicos en una línea similar. Same Old Thing es otra buena canción que incorpora instrumentos de viento tal vez con poca fortuna. No obstante, existen otras pistas donde el sonido frenético y rabioso de The Black Keys cobra su auténtico significado; I Got Mine y Strange Times dotan al álbum de una clásica energía, con generosa distorsión guitarrera y furiosa batería.

Debo destacar también las dos versiones (cara A y cara B) del tema Remember When. La canción nos es presentada mediante géneros casi opuestos; por una parte en forma de balada de aire espectral, con voz digitalmente alterada y sonidos espaciales, y por otra a través de un formato punk-garajero que nos contagia su febril velocidad.

En términos generales, un disco y un grupo realmente recomendables. Auerbach y Carney, pese a proceder del auténtico Medio Oeste americano, nos regalan una música de marcado carácter sureño, polvorienta y ya en desuso, pero que sigue cautivando al público de hoy y de siempre. Si no habíais oído hablar de The Black Keys os garantizo un fascinante descubrimiento.


"I was a movin' man
in my younger days
but I've grown out
of my ramblin' ways..."






Discover The Black Keys!