9 de junio de 2008

Nirvana - In Utero (1993)


SUICIDIO MUSICAL

Huelga presentar a la banda de Seattle y sobran también referencias respecto al proceso de creación del grunge y a su drástica popularización a principios de los 90. Todo el mundo que fuera o no joven en esa época ha entonado alguna vez el rabioso canto a la adolescencia que supone Smells Like Teen Spirit. Poca gente desconoce la figura de Kurt Cobain y la enorme influencia que ejerció Nirvana en la industria musical, permitiendo trasladar la denominada “música alternativa” al público de masas. Porque es indudable que Nirvana fue un auténtico fenómeno a escala mundial, el mayor tras la disolución de los Beatles.

Sin embargo, aunque pueda sorprender a algunos, también existen acérrimos detractores de esta banda. Los puristas acusan a Kurt Cobain de haber autoalimentado intencionadamente su fama mediante una cínica actitud de hastío frente a los baños de multitudes, de haber utilizado un género más que inventado para crear música pop de adolescentes, de ser una farsa, una invención de las discográficas para ganar dinero, etc. Debemos reconocer que, musicalmente hablando, los discos de Nirvana no constituyen una innovación demasiado notable, pese a su excelente calidad. Grupos como Pixies, Sonic Youth o Pearl Jam llevaban años tocando cuando Cobain saltó a la fama, asentando las bases que la gente de Nirvana explotaría posteriormente. Sin embargo, bajo mi punto de vista, ello no resta importancia o mérito a todo lo que consiguió el trío de Seattle. Pocos grupos pueden afirmar haber desbancado a Michael Jackson del número uno del Billboard. Nirvana consiguió eso y mucho más. Fue decisiva, a mi parecer, para que el rock alternativo tenga hoy en día el sitio que se merece y para animar a jóvenes grupos debutantes; demostró que incluso la música de minorías puede convertirse en un auténtico fenómeno si existe suficiente talento y suerte.

Pasando a analizar el disco que nos ocupa, cabe decir que In Utero es el último LP en estudio de Nirvana antes del suicidio de Kurt Cobain a principios de abril del 94. El tremendo éxito alcanzado con el anterior trabajo Nervermind había causado una gran expectación entre los fans, ansiosos por saborear los nuevos frutos del genio de Seattle (aunque realmente Cobain nació en Abdereen, Washington). Lo cierto es que las acusaciones sobre el carácter comercial y en ocasiones pop de algunas canciones del anterior LP habían hecho mella en Kurt, quien realmente era un apasionado de la escena alternativa de Seattle y adoraba a grupos como los Melvins, que encarnaban el auténtico espíritu grunge. Le preocupaba la pulcritud sonora de Nevermind y deseaba hacer un disco claramente opuesto al anterior. Esto causó que el período de grabación estuviera marcado por considerables fricciones con la discográfica Geffen Records, la cual deseaba sacar un trabajo más accesible al gran público. In Utero llegó a ser calificado de auténtico “suicidio musical” de la banda. Sin embargo, Cobain impuso su voluntad.

Muchas de las canciones que aparecen en el disco fueron compuestas originalmente en 1990, antes de que Nirvana diera el salto a la fama. Temas de gran sensibilidad como Pennyroyal Tea, Dumb o All apollogies son buenos ejemplos de ello. Cobain era, por circunstancias familiares y personales, un ser sumamente atormentado e hipersensible. Su adicción a las drogas (empezó tomando LSD en su adolescencia y posteriormente empezó a consumir heroína en grandes cantidades) jugó también un papel determinante a la hora de dar forma a su oscura y raquítica poesía. Se sentía abrumado, incapaz de compaginar sus adicciones con la presión que sobre él habían depositado la industria y los fans. Se trataba de un ser frágil, emocionalmente inestable y a menudo sumido en fuertes depresiones, incluso durante los años de mayor éxito de la banda.

Realmente, hablar sobre las canciones de Nirvana es hablar sobre la vida y el padecimiento de Kurt Cobain. Sus letras estaban lo suficientemente codificadas como para alimentar el interés y la especulación de los fans, pero destilaban angustia y desesperación. Los significados son, como suele ocurrir, difíciles de concretar. Se cree que All apologies habla sobre el sentimiento de culpa que sentía el músico frente a su incapacidad para soportar la presión; Rape Me podría contener, en sus posteriores arreglos, referencias a los abusos que hacían sus antiguos amigos de su popularidad, revelando informaciones íntimas y demás; Dumb habla sobre su incapacidad para ser realmente feliz y Pennyroyal Tea tal vez haga referencia a su adicción a la heroína.

El tema que abre el disco, Serve the Servants, es claramente autobiográfico. Existen menciones para las críticas que acusaban a su esposa Courtney Love de estar envenenando y manipulando a Cobain (“...if she floats than she is not a witch what we thought...”) y para su difícil relación con su padre (“...I tried hard to have a father but instead I had a dad...”). Además también habla sobre el tedio que sentía el cantante frente a las especulaciones que la prensa hacía sobre su infancia traumática (“...that legendary divorce is such a bore...”). Le siguen canciones más oscuras, cargadas de la distorsión y las pesadas guitarras que hicieron célebre a la banda, tales como Scentless Apprentice o Radio Friendly Unit Shifter. Un tema destacado es Frances Farmer Will Have Her Revenge on Seattle, donde Kurt expresa su ira frente al trato que le han otorgado los medios a través de la historia de la actriz Frances Farmer, natural de Seattle, quien fue recluida en una institución mental tras ser perseguida por alcohólica, violenta, comunista y esquizofrénica.

Quizá el tema central del disco es el single Heart-Shaped Box, que presuntamente nos habla sobre la relación amorosa entre Cobain y Courtney. La canción combina a la perfección pasajes calmados, cantados con los característicos murmullos de Kurt, con un estribillo furioso, acompañado de contundentes rasgueos de guitarra. El videoclip es sencillamente genial, repleto de símbolos y temas que obsesionaban a Cobain como los fetos o la anatomía femenina (los cuales también aparecen en el collage que sirve de contraportada del LP). Dirigido por el fotógrafo y director holandés Anton Corbijn, se hizo con el premio MTV al mejor videoclip alternativo en 1993.

En definitiva, In Utero es, en mi opinión, el mejor disco de Nirvana. A diferencia de su predecesor Nevermind contiene canciones de temática más oscura, con connotaciones sonoras más sucias y desligadas de posibles corrientes comerciales. Escuchar el último de los discos de Nirvana es asistir al ocaso de un genio, percibir la agonía de un joven extraordinario que, pese a aprovechar las oportunidades que la vida le otorgó, fue devorado por la vorágine que su propio talento fue capaz de engendrar. Es el testamento de una víctima de las discográficas, las drogas y la propia angustia emocional. Su legado, musical y espiritual, seguirá siendo argumento suficiente para acallar cuantas críticas pueda despertar su ya legendaria figura.

Los 90 nos dieron algo extraordinario y también nos lo arrebataron. Descansa en paz Kurt Cobain.


"I miss the confort in being sad..."

Heart-Shaped Box (videoclip)



Discover Nirvana!

3 de junio de 2008

The Doors - Strange Days (1967)



TRAS LAS PUERTAS DE LA PERCEPCIÓN

A cualquier apasionado de la música que nos legó la célebre banda californiana le resultará difícil elegir su álbum predilecto. La discografía de The Doors está plagada de grandes éxitos, temas que han sonado en todas partes hasta la saciedad, pero también de canciones menos populares que con los años se convierten en pequeñas joyas aún por descubrir. Se trata de una música imperecedera, que no se devalúa con el paso del tiempo, todo lo contrario; en ella se continúan descubriendo nuevas facetas, mensajes y matices en los que antes no se había reparado. Por eso resulta difícil escoger un disco concreto.

Habitualmente se encumbra a L.A. Woman, último álbum de grupo, como el mejor de sus trabajos y a The Soft Parade como el más discreto. Pero todo es cuestión de opiniones. Lo que sí podemos afirmar, tal vez con mayor rotundidad, es que Strange Days es el más oscuro y psicodélico de todo ellos. The Doors presentaron un segundo LP que repetía las fórmulas de su debut pero que incrementaba, si cabe, los matices lisérgicos con los que envolvían sus melodías.

Las puertas de la percepción (cita de un poema de William Blake que dio nombre a la banda) se abren aquí de par en par para revelarnos aquello que escapa a nuestros sentidos. La profunda y seductora voz de Jim Morrison penetra en nuestra psique como pocas lo han hecho en la historia de la música, convirtiéndose en nuestro psicotrópico particular. Las suaves cadencias que acompañan temas como Moonlight Drive o I Can’t See your Face in my Mind evocan visiones de aquellos magníficos años 60, de las extensas playas de L.A. bañadas bajo la luz de la luna, de las enormes autopistas californianas y de su febril actividad. Elementos que inspiraron las letras de Morrison, a menudo menospreciadas por su aparente simplicidad, pero que esconden a un poeta de considerable talento. Otras piezas destacan también por su vaporosa melancolía, tales como Unhappy Girl o en You’re Lost Little Girl, donde el Rey Lagarto nos muestra su faceta más sensible sin caer en absurdos romanticismos. Aparecen, al mismo tiempo, algunas pistas de corte rock como Love me two times o My eyes have seen you que se han convertido ya en auténticos clásicos del género. Sin embargo, bajo mi punto de vista, el gran éxito que define mejor la tonalidad del disco es la canción que le proporciona su nombre, Strange Days. En ella la poderosa voz de Morrison retumba en nuestros oídos, perturbando nuestra alma cual misterioso chamán que, temeroso, invoca a dioses prohibidos y olvidados. Pura fascinación.

Del mismo modo que la soberbia The End servía de colofón al impresionante disco debut, The Doors cierran este segundo trabajo con una pieza que sería clave en su discografía: When the Music is Over. Pista de considerable duración, Morrison alcanzaba con ella momentos de arrollador magnetismo en sus actuaciones en directo, convirtiendo la canción en una auténtica experiencia psicodélica del público. El tema constituye una hipnotizante sacudida a nuestra conciencia colectiva por el maltrato al que hemos sometido al planeta. 40 años después, la letra parece seguir más vigente que nunca, pero no quisiera aventurarme a intentar descifrar el contenido de las canciones de The Doors; su auténtico mérito reside precisamente en su carácter enigmático, susceptible de un sinfín de interpretaciones.

Finalmente, no puede concluirse la reseña sin mencionar a los brillantes músicos que componían la banda, quizá injustamente relegados a un segundo plano a causa de la fascinación despertada por su líder Jim Morrison. Tanto el teclista Ray Manzarek, como el batería John Densmore y el guitarrista Robbie Krieger son artífices de este destacado grupo que combinaba a partes iguales blues, pop, rock y psicodelia. Ellos, en la misma medida que el Rey Lagarto, han hecho y harán disfrutar a un sinfín de generaciones.


"Before I sink, into the big sleep
I want to hear, I want to hear
The scream of the butterfly"