8 de abril de 2008

The White Stripes - The White Stripes (1999)



MÚSICA CRUDA Y SIN CONCESIONES

Como ya comentábamos con Wolfmother, son muchas las bandas que debutan con un primer disco sensacional que acapara toda la atención de la crítica. La dificultad radica en lanzar un segundo trabajo decente, que cumpla las expectativas y permita empezar a cimentar una carrera musical.

En el caso de The White Stripes, las canciones que conforman su primer LP lanzado a finales de los 90 tampoco podían revelarnos lo que nos depararía el futuro. Jack White es uno de esos músicos completos, de esos genios virtuosos de la guitarra que surgen cada ciertos años para fascinar al gran público y cuyo siguiente paso resulta siempre imprevisible. Lo que sí quedaba claro es que continuaría sacando discos. La calidad de las 17 pistas, muchas de ellas covers de otros artistas, era sorprendente.

Hoy por hoy es el líder de uno de los grupos de rock más admirados del momento, además de poseer una segunda banda junto a Brendan Benson, The Raconteurs, que está apunto de sacar su segundo álbum al mercado. Pero en aquellos tardíos años noventa, el músico de Detroit no era más que un muchacho inseguro, obsesionado por el blues y la simplicidad. Pese a ello, el primer trabajo fue una valiente apuesta por una visión muy particular de entender la música rock. The White Stripes nacían con la voluntad de rememorar viejos sonidos, de recuperar las raíces del blues ya en desuso y con el constante objetivo de encontrar la belleza en la austeridad musical. En este sentido, el grupo está integrado únicamente por Jack (voz, guitarra y teclado) y Meg White (batería), y posee una cuidada puesta en escena que, tanto en lo que a escenario como a vestuario se refiere, juega con 3 únicos colores: blanco, rojo y negro. Su posterior disco, De Stijl, que toma el nombre de un movimiento artístico holandés de principios del siglo XX que promulgaba la sencillez de las formas y la organización del espacio, serviría de confirmación. Simplicidad ante todo. Música cruda, sin concesiones ni artificios. La pareja de Detroit trasladó esos principios a sus actuaciones, logrando resultados sorprendentes.

Pero el disco debut se diferencia de posteriores trabajos por poseer una sonoridad sucia que pretende rememorar viejas grabaciones (Jack es un fanático de los vinilos) y muestra importantes influencias de grupos como Led Zeppelín o The Stooges. Lo cierto es que la música de The White Stripes es difícil de encuadrar en un estilo determinado. Por ejemplo, este primer trabajo contiene versiones de canciones de Robert Johnson (Stop Breaking Down), Bob Dylan (One more cup of coffee), Son House (Cannon) o Joe Primrose (St. James Infarmary Blues). Las piezas propias, además, muestran influencias dispares provenientes del garage de los 60, el country o el blues más tradicional. Con el tiempo el grupo confirmaría este amplio espectro de estilos musicales con los que constantemente nos sorprenden.

La espectral voz de Jack, cuyo tono agudo parece hacernos rememorar épocas ya olvidadas, es otro de los detalles que cautivan rápidamente al escuchar el disco. El cantante muestra una enorme variedad de registros, mostrándose crudo y áspero para entonar posteriormente con gran sensibilidad. Para acabar de fascinarnos, rasga su guitarra con fiereza y se pierde en magníficos solos que erizan los pelos de la nuca. En Suze Lee y Fought Piranhas demuestra un gran dominio del slide y un talento innato para el blues. La sección rítmica es quizá el punto flaco del grupo; Meg White cumple a la perfección su papel de niña de aspecto inocente que aporrea la batería, pero no posee excesivas aptitudes. En su defensa cabe argumentar que jamás pensó en dedicarse a la música y que aprendió a tocar cuando su compañero le propuso crear el grupo.

Si hablamos de las canciones, a priori parece difícil versionar temas tan admirados como Stop Breaking Down y One more cup of coffee y extraerles más jugo, darles una nueva vuelta de tuerca. En casos como estos es fácil decepcionar al oyente que tan habituado está a escuchar a Johnson y Dylan repetir las mismas palabras hasta la saciedad. The White Stripes reinventaron, no obstante, esas canciones y las conviertieron en clásicos propios. Algo similar harían tiempo después con I just don’t know what to do with myself de Dusty Springfield, cover que se ha convertido en uno de los temas más celebrados en sus conciertos.

La verdad es que con el paso de los años The White Stripes han evolucionado bastante, intentando descubrir nuevas fronteras musicales, a veces con éxito y otras sin él, pero sin abandonar las pautas marcadas en su primer disco. Se trata de una escucha obligada que probablemente sorprenda a quienes simplemente han disfrutado con Seven Nation Army en cualquier discoteca de turno. Vale la pena, os lo aseguro.

"And my baby's my common sense
so dont feed me planned obsolescence
yeah my baby's my common sense
so dont feed my planned obsolescence
im about to have another blowout
im about to have another blowout"




No hay comentarios: