28 de febrero de 2008

Johnny Winter - Still alive and well (1973)




EL ALBINO CON ALMA DE BLUES

Regresamos al blues y lo hacemos de la mano del único gran bluesman albino de la historia. Es al menos paradójico que una música tradicionalmente concebida por y para afroamericanos haya sido dominada a la perfección por un tejano que vino al mundo con una ausencia total de pigmentación congénita. Johnny Winter, nació en 1944 e inició su dedicación a la música con apenas 15 años. Por esa época, mientras formaba junto a su hermano Edgar su primera banda, empezó a asistir a conciertos de blues de grandes maestros como Muddy Waters o B.B. King. Cuentan que era ciertamente curioso observar a los dos hermanos albinos frecuentar recitales de ese tipo, donde la gran mayoría del público era de color. Desde luego, el aspecto raquítico y místico de Winter es una de las razones de su celebridad; su sola presencia en el escenario impresiona a cuantos acuden a escucharle tocar.

La música y la técnica que despliega son, sin embargo, dignas de un talento sin igual. A raíz de un artículo publicado en 1968 por la revista Rolling Stone, Winter se dio a conocer ante el público y su popularidad empezó a crecer como la espuma. Mostrando un excepcional dominio de la guitarra –está considerado uno de los mejores guitarristas de la historia– inició su carrera de forma meteórica, codeándose en poco tiempo con célebres músicos como Santana o Jimi Hendrix y participando incluso en el histórico festival de Woodstock ’69 donde tocó uno de sus grandes éxitos Mean Town Blues.

Es difícil escoger un disco entre su carrera. En la actualidad Winter sigue tocando y haciendo tours periódicos pese a su avanzada edad y delicado estado de salud. Es un hombre que vive por y para la música. Tras estas décadas nos ha legado infinidad de discos de incuestionable valor, evolucionando de un blues progresivo a un rock and roll de corte muy particular, propio de los 70, regresando después nuevamente a sus raíces musicales, ancladas en el Mississippi.

Quizá uno de sus trabajos más apreciados es Still alive and well, lanzado en 1973 y donde Winter entrega una de sus mejores grabaciones en estudio. El albino se halla aquí en pleno proceso de inmersión en el rock más puro y duro. Sin poder abandonar su más que evidentes influencias bluseras, el guitarrista nos deja algunas canciones como Rock me baby, Let it bleed o Can’t you feel it que cautivan por su voz furiosa y su rápida guitarra, siempre presta a los solos más estremecedores. Pero también existen temas de carácter country como la pegadiza Ain’t nothing to me o la acústica Cheap tequila que completan un disco casi redondo, perfecto para iniciarse en la música del Sr. Winter.


"We all need someone we can lean on
And if you want it, you can lean on me
We all need someone we can lean on
And if you want it baby, well you can lean on me"






13 de febrero de 2008

Wolfmother - Wolfmother (2005)




REGRESANDO AL HARD ROCK DE LOS 70

Cuando el panorama rock actual parecía dividido entre los grupos indie y las bandas comerciales para adolescentes, aparecieron estos australianos herederos musicales de Led Zeppelín, Black Sabbath o AC/DC. Miles de artículos se han escrito sobre ellos en los últimos años puesto que el número de ventas y la publicidad ofrecida por MTV han calado hondo en el público. Wolfmother ha logrado encumbrarse como una de las bandas de hard rock más apreciadas de la actualidad con tan sólo un primer disco debut.

Sin embargo, el peso que recae sobre ellos y las dichosas comparaciones con célebres grupos de los 70 son realmente peligrosos. Habrá que ver como evolucionan cuando publiquen su siguiente trabajo, no obstante, es difícil no dejarse llevar por la emoción al escuchar su primer álbum. Y es que estos muchachos prometen.

La figura de Andrew Stockdale, líder, guitarra principal y vocalista, es en parte una de las claves del éxito del grupo. Su look retro y su voz aguda y chillona le dan un toque sumamente característico a la banda. Complementan el grupo el teclista y bajo Chris Ross y el batería Miles Hewett.

El disco no tiene desperdicio. Su primer single Woman, uno de sus mayores éxitos, es una pieza de corte rock & blues que acelera las pulsaciones y nos introduce acertadamente en la música de la banda australiana. Pero también existen los medios tiempos como White Unicorn, Where eagles have been o Mind’s Eye donde Stockdale hace gala de sus dotes vocales y el teclado cobra protagonismo envolviendo la atmósfera de una misteriosa y épica lisergia.

Encontramos después algunas canciones de carácter más garajero como Dimension o Apple Tree, donde las guitarras, con un sonido más sucio, vuelven a enfurecerse. Finalmente destacar también Pyramid, una auténtica joya con un riff enérgico que engancha desde la primera escucha, la canción con cortes folk Vagabond, y las piezas Love Train y Tales from the forest of gnomes que aportan algo de innovación al disco y nos impiden clasificarlo como un trabajo más de hard rock. Wolfmother parecen haber llegado con intención de descubrir nuevas fronteras de la música rock sin abandonar en ningún momento ese toque retro que tanto nos apasiona y que nos hace rememorar épocas doradas.

Señalar, además, que tuve ocasión de verlos en directo y no decepcionan en absoluto. Entre el repertorio antes citado incluyeron el tema Pleased to meet you que han compuesto para la BSO de Spiderman 3; la versión en directo incluye un puente de larga duración con solos de guitarra y órgano fascinantes.

En fin, Wolfmother son una promesa frente a la que han surgido grandes expectativas. Por el momento, los ingredientes implican que el manjar sea apetitoso: rock duro pero a la vez melódico, riffs poderosos, espléndidos solos de guitarra y teclado de ambientación psicodélica. Agitar y consumir preferentemente a máximo volumen. Veremos si los segundos platos son igual de exquisitos.


"Purple haze is in the sky,
see the angels wicked eye,
all these things we must try,
'Til we see the reasons why, oh yeah"





Discover Wolfmother!

7 de febrero de 2008

Fleetwood Mac - Then play on (1969)


LAS DOS CARAS DEL LSD

Es bien sabido que durante la época de los 60 las drogas jugaron un papel decisivo en la cultura y, especialmente, en la música. Se trata de un período de nuestra reciente historia de enorme fecundidad e innovación en lo que a desarrollo musical se refiere, y esta ruptura con etapas anteriores obedece a una apertura de ideas radical que se asienta, en parte, en el uso indiscriminado de los ácidos. Pero el abuso de estas sustancias implicó también aspectos sumamente negativos que arrastraron consigo a genios como Hendrix o Jim Morrison.

Peter Green, líder, guitarrista y vocalista de la banda británica de blues rock Fleetwood Mac, es un claro ejemplo de esta peligrosa doble vertiente que supuso la utilización masiva del LSD. Por una parte, abrió su mente y le permitió madurar grandes discos que le encumbran como figura clave del blues de los 60, por otra, le generó graves problemas psicológicos que contribuyeron al desarrollo de una esquizofrenia a mediados de los 70.

Then play on fue el cuarto álbum de esta banda británica nacida en 1967. Si bien los primeros trabajos se asentaban en el blues rockero más tradicional, con versiones de grandes clásicos que seguían la estela de las colaboraciones de Green con grandes del blues como John Mayall, en este cuarto LP se aprecian importantes cambios. Realmente muchos consideran Then play on como el mejor disco de los tempranos Fleetwood Mac –que más tarde, con integrantes diferentes, se convertirían en un grupo de pop de bastante éxito que poco tiene que ver con los inicios de la banda-, aunque difiere algo del estilo con el que el grupo se había iniciado. Se aprecian en el disco notables trazos psicodélicos, piezas instrumentales de gran energía y colores melancólicos.

El trabajo de las guitarras llevado a cabo por Peter Green y Danny Kirwan es extraordinario y revela una fuerza especial en los pasajes Searching for Madge y Fighting for Madge, así como en la famosa Oh well, que se ha convertido en un auténtico clásico. Bajo mi punto de vista, sin embargo, las canciones más destacadas son Rattlesnake Shake y Although the sun is shining, la primera por constituir un ejemplo perfecto del blues rock furioso de los Fleetwood y la segunda por mostrar esa otra faceta mística y etérea que caracteriza al disco. Debemos citar también al batería Mick Fleetwood y al bajo John McVie como cómplices de este fabuloso y fascinante álbum que no debería faltar en la colección de cualquier buen amante de la música.

Sin embargo, Peter Green acabaría abandonando el grupo poco después de este trabajo. Agonizaban los 60 cuando, en plena gira europea, Green padeció un mal viaje de LSD que le tuvo fuera de órbita durante tres días seguidos. Según comenta él mismo, jamás regresó de ese periplo. Su mente se perdió para siempre; obsesionado con la espiritualidad y hastiado de la notable popularidad que había alcanzado la banda, decidió dejarlo todo. Hizo un disco experimental en solitario, The end of the game, y salvo contadas colaboraciones desapareció del panorama musical durante la siguiente década. Green pagó un elevado precio por su inspiración, a nosotros nos queda disfrutar de ella.


"Now, when I talked to God I knew he'd understand
He said: Stick by my side and I'll be your guiding hand
But don't ask me what I think of you
I might not give the answer that you want me to"





Discover Fleetwood Mac!