23 de enero de 2008

Smashing Pumpkins - Siamese Dream (1993)


UNO DE LOS MEJORES DISCOS DE LOS 90

La historia de la grabación de este extraordinario LP es un claro ejemplo de cómo las adversidades pueden instar al hombre a sobreponerse y superarse a sí mismo, obteniendo después resultados sorprendentes. Smashing Pumpkins, célebre banda de Chicago formada en 1988, disuelta en el 2000, y rescatada de nuevo en 2007 por su líder y mentor espiritual Billy Corgan, grabó su segundo álbum de estudio entre diciembre del ’92 y marzo de ’93. El proceso estuvo marcado por todo tipo de incidentes y tensiones que dificultaron enormemente el trabajo y, sin embargo, el grupo obtuvo, a mi parecer, el que ha sido el mejor disco de su carrera hasta el momento.

Pero remontémonos a aquellos inicios de la década de los 90, donde Nirvana había revolucionando el mercado musical y, aderezando el grunge con algunos arreglos poperos, había conseguido ventas inimaginables. Los Pumpkins habían debutado con un disco notable, Gish, y disponían de una ocasión valiosa para asentarse en el panorama musical de la época. Los integrantes originales de la banda –hoy sólo quedan Corgan y el batería Jimmy Chamberlain- se reunieron en Marietta, Georgia, para dar forma a su nuevo LP. Sin embargo, pronto empezarían a surgir las dificultades.

Chamberlain había desarrollado una grave adición a las drogas y empezó a ausentarse durante días enteros, entorpeciendo gravemente las grabaciones. Mientras tanto, Billy Corgan, cuyo extraordinario genio musical es solamente proporcional al tamaño de su ilimitado ego, empezó a sufrir colapsos nerviosos que le condujeron a solicitar ayuda terapéutica. La presión a la que estaba sometido para que el proyecto concluyera exitosamente, su afán de superación y su imperiosa necesidad de controlar hasta el más mínimo detalle de las grabaciones generaron agrias discusiones con el co-productor Butch Vig y con el resto de los componentes de la banda. Al parecer, Corgan se obsesionó hasta tal punto en conseguir la perfección en cada pista que interpretó por sí mismo las tomas que el guitarrista James Iha y la bajista Wretzky D’Arcy habían grabado para algunas canciones. Evidentemente, el incidente provocó fuertes tensiones en el seno de la banda que jamás desaparecerían; Iha se aisló en sí mismo y D’Arcy se encerraba en el lavabo durante horas mientras Billy ejercía su papel de tirano a la perfección.

No obstante, cabe reconocer que el febril trabajo llevado a cabo por el líder de la banda fue determinante para conseguir un álbum depurado que suena a las mil maravillas. Se dice que trabajaba 16 horas diarias y que dedicaba días enteros para conseguir unos escasos segundos de canción. Puede parecer enfermizo, pero lo cierto es que Siamese Dream alcanza cotas de riqueza y armonía sonoras pocas veces descubiertas en un disco de rock. El único problema para los oídos de los fans es que los directos pierden lógicamente ese grado de sublime perfección y puede por ello cuestionarse el mérito del disco. Bajo mi punto de vista, los sentimientos que despiertan las 13 pistas de Siamese Dream, los cambios que experimenta el oído de quien lo descubre y se deja llevar por el catártico equilibrio de sus pesadas y etéreas guitarras, por la suave y a la vez rabiosa voz de Corgan que, cual ángel y demonio unificados es capaz de arrullar nuestro espíritu para después zarandearlo con una furia inaudita, son suficientes para ensalzar esta espléndida obra sin cuestionar su auténtico mérito. Mi descubrimiento y quien me reveló tales secretos transformaron para siempre mi concepción de la belleza y la música como complementos inseparables, y esa es una facultad que únicamente puedo achacarle a contados discos de cuantos he escuchado.

Analizando las canciones descubrimos a un Corgan entregado, que hace gala de una sutileza y sensibilidad conmovedoras. Lo cierto es que el disco está preñado de tristeza, tristeza que siempre ha sido símbolo de identidad de la banda de Chicago. Como comentaba Homer en un capítulo de los Simpsons al toparse con el personaje de Billy Corgan: “gracias a tu triste música mis hijos han dejado de soñar en un futuro que no puedo pagarles”. Pero lejos de desalentar, creo que las canciones de Smashing Pumpkins deleitan los sentidos y le hacen a uno abandonarse a la melancolía, que no es otra cosa que el placer de estar triste.

Canciones como Soma o Mayonaise son probablemente lo mejor de LP; largas baladas con plañideras guitarras que evidencian esta maravillosa tristeza a la que me refiero. Después existen piezas clave como Cherub Rock que abre el disco con una ácida crítica a la industria de la música independiente; Spaceboy, dedicada a un hermano menor de Corgan que sufre de invalidez; Today, primer single que se ha convertido en una de las canciones más célebres del grupo; Luna, relajante nana ideal para conciliar el sueño; Hummer, vivo ejemplo del rock progresivo que caracteriza todo el disco, etc. Me temo que no hay desperdicio alguno.

Siamese Dream recibió una buena acogida del público y se situó en el top ten del Billboard. Obtuvo, además, dos nominaciones a los Grammy en las categorías de Mejor Album Alternativo y Mejor Actuación Vocal de Hard Rock. Sin embargo, el futuro le depararía a la banda éxitos aún mayores con su siguiente álbum Mellon Collie and the Infinite Sadness que les conduciría a los alto de todas las listas y les consagraría como grupo de culto.

“So let the sadness come again
On that you can depend on me, yeah
Until the bitter, bitter end of the world, yeah
When god sleeps in bliss...”



22 de enero de 2008

Tim Buckley - Happy Sad (1969)


MÚSICA PARA ALIMENTAR EL ALMA

Pocas veces el mundo de la música engendra un talento tan brillante y polifacético. Tim Buckley, joven cantautor estadounidense nacido en 1947, se erigió como uno de los más destacados y prometedores músicos de la década de los 60, rechazando inicialmente etiquetas y modas que pudieran condicionar su inmensa obra. Hoy por hoy, haciendo balance de su corta pero prolífica carrera, sería difícil asignarle un género en especial, pues experimentó con el folk, el pop, el rock, la psicodelia y el jazz sin caer en tópicos estilísticos. Lamentablemente, y como era frecuente en esa época, la muerte nos arrebató prematuramente su voz: el 29 de junio de 1975 Tim Buckley moría por sobredosis de heroína dejando tras de sí varios discos de cautivadora y arrebatadora belleza.

Happy Sad es uno de esos maravillosos ejemplos; 6 conmovedoras canciones que reflejan el alma de un muchacho de 21 años que parecía haber vivido ya cientos de ellos. Desde el punto de vista musical, los ritmos jazzísticos predominan en este disco de lisérgica melancolía, donde la sorprendentemente versátil voz de Buckley se funde con las mágicas notas de un vibráfono en Love from room 109 at the islander o con los tribales ritmos de los tambores de Gipsy Woman. Resulta difícil encontrar hoy en día álbumes con tantos matices sonoros, donde cada escucha suponga un nuevo descubrimiento. Dream letter es, en mi opinión, la pieza clave y sin embargo resulta difícil de definir. Basta con escucharla en algún lugar tranquilo, en silencio, tal vez en la cama apunto de dormir, para comprobar que nos hallamos ante un músico extraordinario que poseía la innata habilidad de alcanzar y estremecer el alma humana.

El escaso carácter comercial de un disco de estas características supuso para Tim Buckley un escollo difícil de superar. Continuó su carrera, incrementando si cabe su afán por la constante experimentación. De hecho, me atrevería a afirmar que escuchando sus primeros discos, Happy Sad constituye una transición entre el estilo más folk de sus primeros trabajos y la adopción de un estilo barroco, donde las canciones ganan en complejidad con la aportación de nuevos instrumentos. Sin embargo, el desencanto de los escasos éxitos comerciales y sus tormentos personales le arrastraron a una vorágine de drogas y depresión que marchitaron su vida y ensalzaron su obra. Y es que, lamentablemente, tragedia y reconocimiento suelen ir de la mano; triste destino para los artistas que procuran vivir de su música.

"Oh, please, listen darlin' to my empty prayers,
sleep inside my dreams tonight..."





Discover Tim Buckley!