19 de diciembre de 2007

Bob Dylan - Bringing it all back home (1965)


DEL FOLK AL ROCK N’ ROLL EN SOLO UN DISCO

Este sexto disco de Bob Dylan es especial en muchos aspectos. En primer y destacado lugar porque constituye el inicio de la transformación del genio de Duluth hacia la electrificación. Surgido de las raíces del folk y de la música tradicional americana, Dylan rompió parcialmente con su habitual imagen de cantante intimista y comprometido. Conectó su música a los amplificadores y aumentó considerablemente los decibelios para sorpresa y disgusto de muchos. Todas las biografías y documentales hablan de este hecho como uno de los más decisivos en la carrera del compositor, rememorando los abucheos que recibió Dylan en el festival de folk de Newport del 65. Tres canciones tocadas a todo volumen con guitarra eléctrica (entre las que se encontraba una espectacular versión de Maggie’s Farm) supusieron un auténtico escándalo para la muchedumbre que se había acercado para escuchar al conmovedor y joven cantante. Su actitud impasible y la atronadora guitarra del soberbio Mike Bloomfield suponían un desafío. Nada más lejos de la realidad, Dylan quedó sumamente afectado por la reacción del público, sin embargo, ello no le impidió seguir progresando como músico y ampliando los horizontes del rock bajo las influencias recogidas tras sus viajes por las islas británicas (de ahí el nombre del disco).

En este sentido, Bringing it all back home supone una combinación de ambos estilos, puesto que la segunda parte del album está compuesta por celebrados temas folk como Mr Tambourine Man o It’s all over now baby blue. Resulta paradójico, además, que la presunta traición del músico hacia sus orígenes le reportara en aquel momento el mayor éxito comercial de su carrera, alcanzando el puesto nº 6 de las listas Billboard de USA y posiciones aún mejores en las listas británicas. Dylan se asentaba como un músico de masas y sus giras por Inglaterra se convertían en un contrasentido; mientras algunos le gritaban “¡Judas!” al subir al escenario, centenares de fans le perseguían a la salida de los conciertos o le esperaban frente a su hotel. La supuesta provocación no había dejado a nadie indiferente.

El single Subterranean Homesick Blues batió records de ventas y la grabación del 67 de un Dylan mudo mostrando carteles con fragmentos de la letra está considerado uno de los primeros videoclips de la historia.

La portada del álbum posee también detalles sugerentes. Podemos apreciar varios discos de cantantes influyentes, como Robert Johnson o Eric Von Schmidt, e incluso uno del propio Dylan, todos ellos esparcidos en una cama en la que yace la mujer de Albert Grossman, mánager de Bob.

La música en cuestión fue grabada en dos sesiones de dos días consecutivos, sin apenas ensayos. Según explican los músicos Al Gorgoni, Kenneth Rankin y Bruce Langhorne, las grabaciones del álbum fueron realizadas casi siempre a la primera toma y las sesiones se desarrollaron de forma espontánea e intuitiva. El inicio de la canción Bob Dylan’s 115th dream es un buen ejemplo: tras iniciarse Dylan con la primera frase, rompe a reír al ver como toda la banda le observa perpleja sin saber cómo acompañarle. No había casi nada preparado, fue pura improvisación, pero los resultados no pudieron ser mejores. Un gran disco.


"Dont ask me nothin' about nothin',
I just might tell you the truth..."



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